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juan sanchez cotán

Sánchez Cotán, Juan (Orgaz, Toledo, 1560-Granada, 1627). Primer pintor español de quien conocemos bodegones, en su mayoría pintados antes de 1603. Bautizado en la iglesia parroquial de su localidad natal el 25 de junio de 1560, vivió y trabajó en Toledo. Es posible que fuera discípulo de Blas de Prado, pintor que goza de la distinción de ser el primer bodegonista español documentado, pero del que no se han identificado obras de ese género. Parte de la familia de Sánchez Cotán residió en Orgaz (Toledo); en Alcázar de San Juan (Ciudad Real)

 

vivieron su hermano Alonso Sánchez Cotán, escultor, y los dos hijos artistas de éste, Alonso, también escultor y ensamblador, y Damián, dorador y estofador. El suceso central en la vida de Sánchez Cotán fue su decisión, a la edad de cuarenta y tres años, de abandonar Toledo para hacerse cartujo. En septiembre de 1604 profesó como hermano lego en la cartuja de Granada. En 1610 residía en la cartuja de El Paular (Segovia), y en enero de este año se comprometió, con su sobrino Alonso Sánchez Cotán, a pintar un retablo para la iglesia parroquial de San Pablo de los Montes (Toledo). Vuelto al convento granadino, entre 1615 y 1617 pintó para el mismo una serie de episodios de la historia de la orden cartujana (cartuja de Granada); se afirma que Vicente Carducho los estudió en una visita a Granada en 1626-1627 antes de acometer su propia serie para El Paular. La orden no solo valoró el talento de Sánchez Cotán para la pintura de temas religiosos, sino también sus aptitudes prácticas, con las que colaboró en el mantenimiento del convento. Durante esta etapa de su vida su fe religiosa parece haberse intensificado; sus primeros biógrafos lo rodearon de un halo de santidad, y según una leyenda se le apareció la Virgen María para que la retratase. Murió en la cartuja de Granada el 8 de septiembre de 1627, fiesta de la Natividad de la Virgen y aniversario de su profesión en la orden. Se desconocen los motivos que llevaron a Sánchez Cotán a ingresar en una de las órdenes más estrictas. Su cambio de estado fue la razón de que en agosto de 1603 hiciera testamento e inventario de sus bienes, documentos insólitamente detallados que arrojan alguna luz sobre su carrera artística y su estilo de vida. Esas fuentes apenas reflejan las convicciones religiosas latentes en el artista; solo sugieren una piedad convencional. En el inventario se citan un hábito franciscano y un rosario. Tenía pocos libros, pero uno de ellos era la segunda parte de Flos sanctorum de Alonso de Villegas (Toledo, 1584), una lectura piadosa popular y obra de consulta esencial para los pintores; incluso es posible que Sánchez Cotán conociera al autor. La situación económica del artista parece haber sido desahogada; en su testamento no se mencionan deudas, prestó dinero a menudo y dejó instrucciones detalladas para el reparto de su herencia entre sus familiares. El hecho de que uno de sus deudores fuera El Greco demuestra que se conocieron. Todo indica que Sánchez Cotán vivió en Toledo con comodidades; su casa estaba bien amueblada, con guadamecíes, un tapiz francés de figuras y escudos de armas en las paredes. También poseyó instrumentos musicales, un arpa y una vihuela, y un libro de música; esta afición hace pensar que fuera un hombre cultivado. Un autorretrato que había comenzado antes de salir de Toledo es hoy desconocido. El inventario de 1603 cita dos pinturas mitológicas de tema erótico, un Juicio de Paris y una copia de El rapto de Europa, de Tizia­no (Isabella Stewart Gardner Museum, Boston), que acaso fueran de su mano. Sánchez Cotán disfrutó de una carrera artística convencional mientras vivió en Toledo. Aceptó encargos de pinturas religiosas para iglesias y también otros de menor importancia, por ejemplo pintar las armas del arzobispo de Toledo en casa de un zapatero. Sorprende que en la documentación de su carrera toledana no haya mención de discípulos ni ayudantes. Su inventario alude a retratos y copias de pinturas venecianas para coleccionistas particulares, así como paisajes. De unas sesenta pinturas reseñadas en ese documento, la mitad eran de asunto religioso, once retratos y solo nueve bodegones. A juzgar por eso, las pinturas devotas de caballete serían una producción básica del artista, generalmente imágenes piadosas de la Virgen y santos más que escenas narrativas. Las que realizó en Toledo presentan un estilo de figuras plenamente formado, refinado y dulce, derivado de los pintores de la escuela de El Escorial, que se mantuvo virtualmente inalterado a lo largo de su carrera. No cabe duda, sin embargo, de que la vertiente realmente notable del arte de Sánchez Cotán, según se reconoció ya en el siglo XVII, fueron sus bodegones.
Visión de San Hugo, Museo de Bellas Artes de Granada
 

                                                                                    San José con el Niño Jesús,

http://www.museodelprado.es/enciclopedia/enciclopedia-on-line/voz/sanchez-cotan-juan/

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