Bajo la arena de la playa de la Almadraba apareció una joya inesperada: una cabeza femenina de mármol, delicada y serena, identificada como una posible representación de Venus. No es solo una escultura bonita; es una ventana directa al lujo, la religión y la romanización del litoral alicantino hace casi dos mil años. La pieza, fechada en época altoimperial romana, entre los siglos I y II d. C., muestra el gusto de las élites romanas por decorar sus villas marítimas con imágenes mitológicas. Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, no era una figura cualquiera: representaba prestigio cultural, refinamiento artístico y conexión con los grandes modelos clásicos griegos. Formalmente, la cabeza destaca por su rostro idealizado, sus facciones suaves y el tratamiento cuidado del cabello, con ondulaciones que remiten a los modelos de Afrodita difundidos por el arte helenístico. El mármol blanco, el pulido fino y la serenidad de la expresión refuerzan esa búsqueda roman...