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Carlo Maderno (1556 - 30 de enero de 1629) fue un arquitecto de origen italiano, nacido en Capolago, cantón del Tesino (Suiza).

Perteneciente a una familia de canteros, se formó con su tío Domenico Fontana, en Roma, como cantero y estucador.
Su primera obra importante es la fachada de Santa Susana, realizada entre 1595 y 1603, en la que se utiliza el modelo de la fachada del Gesú de Roma de Della Porta, aunque introduce una mayor volumetría que acentúa el claroscuro, precedente directo de lo que se hará en el barroco.

Fachada de Santa Susana
En cuanto la fachada de San Pedro Durante su largo pontificado (1605-1621) promueve Paulo V multitud de obras y se convierte en el gran patrón de Maderna. En el 1605 decide demoler lo que restaba de la vieja basílica de San Pedro, para completar la mole iniciada justo un siglo antes por Julio II. El papa convoca un concurso al que acuden numerosos arquitectos, y entre ellos Maderna, cuyas trazas son las escogidas. Al principio no pensó éste transformar la planta centralizada de Bramante y Miguel Ángel, pero fue el propio papa el que impulso la transformación en una iglesia de planta de cruz latina, haciéndose intérprete de la mentalidad contrarreformista, del nuevo espíritu que reclamaba naves procesionales de gran desarrollo, y empujando con todo su autoridad en este sentido. Le movía, por otro lado, el deseo de ocupar todo el suelo sacro de la vieja basílica constantiniana.

El concepto estético del Renacimiento sufrió un rudo golpe y la grandiosa cúpula quedó relegada a un plano posterior. A Maderna le tocó la ingrata tarea, sin duda contra su voluntad, de atentar contra el espíritu de la espléndida creación renacentista. Los trabajos se iniciaron en el 1607 y se llevaron con ritmo tan acelerado, que en el 12 pudo ponerse en el piso del monumental orden corintio de la fachada la inscripción: IN HONOREM PRINCIPIS APOST. PAULUS V BURGHESIUS ROMANUS PONT. MAX. AN MDCXII PONT. VII.
Tuvo que transformar en longitudinal el esquema central ideado por Miguel Angel para la basílica de San Pedro y duplicar la capacidad de la iglesia construyendo la gran nave. Con la nueva nave longitudinal, la cúpula dejaba de ser el centro y la síntesis plástica de las masas. Maderna trata de respetar en la medida de lo posible el plan miguelangelesco, y ello se aprecia tanto en la utilización del orden del orden único o gigante en las columnas del pronaos, como en el propio desarrollo del frontal de la fachada, ancha y baja para dejar ver la cúpula, por más que ésta no sea ya el centro sino el fondo.
Para hacerse mejor perdonar su osadía, Maderna fue fiel en el esquema de su composición a las antiguas trazas de Miguel Ángel y a la ordenación de las fachadas absidales. Pero el daño estaba hecho, y la fachada no se hace perdonar del todo, no obstante sus muchos méritos y el talento arquitectónico de su autor: resulta una fachada demasiado enmascaradora, excesivamente dilatada y plana, sin una real concordancia con el cuerpo de la iglesia. Con la realización de esta obra grandiosa, el nombre de Maderna ocupó el primer puesto entre los arquitectos romanos. Transpuesta la fachada, construyó un gran narthex o pórtico que puede figurar entre las obras maestras de la arquitectura de su tiempo. Aumenta su belleza la soberbia decoración de su bóveda, toda cubierta de estucos dorados que definen varios compartimentos con escenas de la vida de los apóstoles.


                 Fachada de San Pedro

La cúpula de Miguel Ángel, en cualquier caso queda desplazada hacia el fondo, debido a los nuevos volúmenes introducidos. Sin embargo, está reconocido el mérito de Maderno al haber obrado con un gran respeto por la obra de Miguel Ángel, y haber articulado el edificio, con todos los condicionantes que se le planteaban, teniendo muy en cuenta el espacio que lo precedía y preparando la gran solución urbanística dada por Bernini para la plaza.
Santa Maria della Pace.El edificio actual fue construido sobre los cimientos de una iglesia preexistente, dedicada a Sant'Andrea de Aquarizariis[1] en 1482, encargada por el papa Sixto IV, quien había hecho un voto. La iglesia fue consagrada a la Virgen María para recordar el milagro de que manara sangre de una estatua de la Virgen en el año 1480.[2] El autor del diseño original se desconoce, aunque se ha propuesto a Baccio Pontelli.

En 1656-1667 el papa Alejandro VII hizo que Pietro da Cortona restaurase el edificio, y añadió la famosa fachada barroca proyectándose desde sus alas cóncavas: esto, ideado para simular un escenario teatral, tiene dos órdenes y tiene una pronaos semicircular con columnas dóricas pareadas. La iglesia empuja hacia afuera, casi llenando su pequeña plaza; varias casas tuvieron que demolerse para que Pietro da Cortona crease incluso este pequeño espacio en miniatura.
El interior, que puede alcanzarse desde la puerta original del siglo XV, tiene una nave corta con bóveda cruciforme y una tribuna sobrevolada por una cúpula. Carlo Maderno diseñó el altar mayor (1614) para enmarcar la venerable imagen de la Virgen y el Niño.




Rafael comenzó a pintar las cuatro Sibilas recibiendo instrucción angélica (1514) sobre la entrada con arco, que lleva a una capilla interior, encargo de Agostino Chigi, el banquero papal.[3] La Deposición sobre el altar es obra de Cosimo Fancelli.
La segunda capilla a la derecha, la capilla Cesi, fue diseñada por Antonio da Sangallo el Joven, y tiene una muy fina decoración renacentista sobre el arco externo obra de Simone Mosca, así como dos pequeños frescos, la Creación de Eva y el Pecado original por Rosso Fiorentino.
La primera capilla a la izquierda (capilla Ponzetti) tiene destacados frescos renacentistas obra de Baldassarre Peruzzi, quien es más conocido como arquitecto. La segunda capilla tiene mármoles tomados de las ruinas del templo de Júpiter Capitolino. Es admirable el monumento al obispo Giovan Andrea Boccaccio, obra renacentista del escultor lombardo Luigi Capponi, seguidor de Andrea Bregno.
La tribuna tiene pinturas de Carlo Maratta, Peruzzi, Orazio Gentileschi, Francesco Albani y otros.

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