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JOACHIM PATINIR

Patinir se registró como miembro de la cofradía de pintores de Amberes (Cofradía de San Lucas) en 1515, donde pasó el resto de su vida. Puede que estudiara con Gerard David en Brujas, quien se registró como cofrade el mismo año que Patinir. Se cree que en 1511, Patinir viajó a Génova con Gerard David y Adrien Ysenbrandt.
En 1521, Alberto Durero acudió a su segunda boda, coincidiendo con su famoso viaje a los Países Bajos. Durero hizo un retrato de Patinir, del que subsiste una versión grabada por Cornelis Cort. Durero llamó a Patinir "der gute Landschaftmaler" ("el buen pintor de paisajes"), creando de esta manera un neologismo traducido más tarde al francés. Recibió como regalo un paisaje suyo, acaso uno de los expuestos en 2007.
Patinir permitió que sus paisajes disminuyeran el protagonismo de las figuras, que a menudo eran pintadas por otros artistas. Sus inmensas vistas combinaban observación del detalle naturalista con la fantasía lírica. Ejemplo de esto es La huida a Egipto (Museo de Amberes). Otros ejemplos de su obra son El descanso en la huida a Egipto (Museo del Prado), El bautismo de Cristo (Museo Kunsthistorisches de Viena), San Juan en Patmos (National Gallery, Londres), Paisaje con pastores (Amberes), y Descanso en el camino (Instituto de Artes de Minneapolis). También se le atribuye un tríptico llamado La penitencia de San Jerónimo. El Museo Thyssen-Bornemisza posee una pequeña pintura.
Las obras acaso más célebres de Patinir son "Caronte cruzando la laguna Estigia" (Museo del Prado) y "San Cristóbal con el Niño Jesús" (Monasterio del Escorial).
Sólo hay cinco cuadros firmados por Patinir, pero se le han atribuido muchas otras con varios grados de certeza. Los que están firmados son: Opus Joachim D. Patinier, significando la “D” en su firma Dionantensis (“de Dinant”), lo que puede atestiguar su procedencia de esta ciudad.
Patinir fue un pionero del paisaje como un género independiente y fue el primer pintor flamenco en considerarse a sí mismo ante todo como un pintor paisajista. Patinir fue amigo de Durero, de Quentin Metsys, con quien colaboró a menudo. La tentación de San Antonio (Prado) se hizo en colaboración con Metsys.
Patinir murió en Amberes y Quentin Metsys se convirtió en tutor de sus hijos.
 Estilo
Patinir es considerado el padre del paisaje por el extraordinario protagonismo que le otorga en sus cuadros. No obstante, hay que dejar claro que aún el paisaje no es un tema autónomo sino que se justifica en temas religiosos: San Jerónimo, la huida de Egipto, etc.
La naturaleza, en este período histórico, es entendida como el espejo de un orden divino; un escenario en el que el hombre debe seguir la senda virtuosa que le acerque al bien y le aleje del mal. Patinir no es ajeno a estas ideas y en sus cuadros podemos ver esta visión simbólica de la naturaleza.

Los cuadros de Patinir se caracterizan por el uso progresivo de los colores, que sirven para acentuar la sensación de distancia en los grandes espacios que pinta. Así, en la parte inferior de los cuadros, donde se encuentra el primer plano, predominan el marrón y el pardo. Según se va alejando el paisaje se va imponiendo el color verde y, en las zonas más lejanas, es el color azul el que predomina. La línea del horizonte suele estar situada en la zona más alta del cuadro, lo que permite la representación de un espacio muy amplio. Por encima de esta línea suele pintar parte del cielo con un blanco brillante que hace intuir que el espacio prosigue detrás y que sugiere la curvatura de la Tierra.
También se puede destacar la recurrencia de las formaciones rocosas que inundan todos los paisajes del autor. Paisajes fantásticos que no parecen ser fieles representaciones de zonas geográficas concretas.
San Jerónimo, 1523.-La perspectiva que se ofrece en este prodigioso óleo es una panorámica captada desde un punto de vista alto. Es una recreación de taller y no una copia del natural, lo que aún le dota de mayor virtuosismo técnico, pues requiere un acto de imaginación del pintor para ver mentalmente el mundo desde esa perspectiva. El punto de vista alto hace que la línea de horizonte suba mucho en la superficie del cuadro, ofreciendo una gran extensión de tierra a la vista. El tema resulta por completo secundario ante la grandiosidad del paisaje que actúa como verdadero protagonista del cuadro. Los tonos azules y verdes son característicos de este autor, en el que se pueden rastrear algunas influencias foráneas, como las rocas del fondo, en estilo leonardesco. Perdidos en el paisaje, ciudades, casas, un puerto y varios personajes rellenan el espacio vacío para dar humanidad e interés a la escena. El tema que nos cuenta es la vida de San Jerónimo, centrada en su retiro como ermitaño en la naturaleza salvaje. Sin embargo, diversos pasajes de su vida aparecen recogidos simultáneamente en los claros del bosque, como el momento en el que el león sale a su encuentro y ataca su montura. La escena principal está en el primer plano, pero desplazada hacia la izquierda, desde donde se inicia una curva que nos introduce zigzagueando hasta el fondo del cuadro. En esta escena, el santo aparece ya en la cueva, con la calavera, los libros y la cruz sobre los que reflexionaba, acompañado del león amansado. Al fondo, un toque brillante de luz tras la bruma y las nubes provoca un efecto de contraste y dramatismo.
Tríptico de la penitencia de San Jerónimo. Joachim Patinir fue un magnífico pintor especializado en pintar los fondos de paisaje para otros artistas cuando se puso de moda sustituir los fondos dorados de la pintura medieval por unos fondos más realistas y amenos que situaran los acontecimientos sagrados en contextos naturales y cercanos al hombre. El punto de vista que emplea Patinir es muy elevado, de tal modo que en las alas laterales, marcadamente verticales, podemos contemplar una amplia porción terrestre. El conjunto de las tres tablas abiertas incluso nos permite apreciar la curvatura natural del horizonte terráqueo. Es un punto de vista totalmente imaginado, elaborado artesanalmente en el taller del artista. El paisaje incluye de una manera empírica las observaciones científicas que Leonardo había apreciado: que la distancia atmosférica azulea los objetos alejados y borra sus contornos. El modo de articular los personajes de la historia en el paisaje nos recuerda a los paneles del Bosco, por ejemplo en el Jardín de las Delicias o en el Tríptico del Juicio Final: abajo, en primer plano y mayor tamaño, suele estar la escena principal y más arriba, en zig zag, escenitas complementarias o pequeños motivos arquitectónicos, de carácter anecdótico, que permiten la feliz unión de naturaleza y ciudad, con un hermoso monasterio románico en medio de la tabla principal. Otra similitud con el Bosco son los personajes que acechan a San Antonio en el ala lateral derecha, unos monstruos y demonios muy parecidos a los que acosan al santo en las obras del Bosco. El tríptico incluye tres escenas principales, en su parte interior: San Jerónimo haciendo penitencia en el panel central y a los lados, el Bautismo de Cristo y las Tentaciones de San Antonio, todas ellas escenas tradicionalmente enmarcadas en un contexto agreste. Por la parte de atrás, la escena ofrecida cuando el tríptico se cerrara, mostraría una Sagrada Familia con Santa Ana, la Virgen y el Niño, más la asistencia de San Sebaldo.

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