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PETRUS CHRISTUS.

Fue sucesor de Jan van Eyck entre 1442 y 1450, razón por la cual algunas de sus obras han sido atribuidas en ciertas ocasiones a su maestro. Al igual que él, Christus es incluido en el Renacimiento Nórdico o en la Ars Nova pictórica, aunque en su obra se mantienen más patentes las reminiscencias góticas al mismo tiempo que resulta un precursor del genuino Renacimiento en la Europa septentrional.

Se conoce la actividad de Petrus Christus en Brujas desde 1444; poco después marchó a Italia en donde recibió el influjo de Antonello da Messina, así es que Petrus Christi deviene en un temprano ejemplo del uso de la perspectiva en la Europa del norte. Esto se puede comprobar en Virgen con dos santos que realiza al volver a Flandes. De regreso a Flandes, es desde 1452 cuando se aprecian en su obra las evidentes influencias de Dirk Bouts, Rogier van der Weyden y Robert Campin.
Su pintura, casi en su totalidad realizada con óleo mediante veladuras, y principalmente de temática religiosa, se caracteriza por la minuciosidad en la ejecución y el uso armónico de colores nítidos. Ambos recursos facilitan la impresión de atmósferas de intimismo y recogimiento; esto se potencia con los volúmenes redondeados de los cuerpos y una tendencia a la síntesis que produce un interesante efecto al contrastar las redondeces con elementos secamente rectilíneos y angulosos. Ejemplo de ello es el retrato llamado Joven Muchacha; en tal obra la desconocida mujer retratada irradia un aura de dignidad y discreción que logra un efecto fascinante: el de una tierna sensualidad, la suya se trata de una mirada íntima bastante alejada del frío realismo de sus contemporáneos flamencos.
Por esto, Petrus Christus fue el maestro más importante de Brujas tras la muerte de Jan Van Eyck.
OBRAS DESTACADAS.-
RETRATO DE DAMA.-Esta dama desconocida es el exponente de un cambio de estilo en el retrato flamenco, operado por Petrus Christus y los artistas de la generación que sigue a Jan van Eyck, Robert Campin y Rogier van der Weyden. La principal diferencia estriba en haber eliminado el fondo neutro sin referencias de los retratos de aquella primera generación de flamencos, para trazar una referencia arquitectónica tras la modelo. De este modo se personaliza el contexto del retrato, se permite que el espectador entre en contacto directo con el ambiente privado del modelo, que en este caso parece su habitación. Este cambio estilístico tuvo lugar a mediados del siglo XV, cuando los modelos italianos también empezaban a ser conocidos en Flandes y los Países Bajos. De hecho, podemos encontrar el mismo gusto por la geometrización que caracterizaba a los artistas del cuatrocento en este retrato: el escote en uve, los collares en perfectos semicírculos concéntricos, el bloque de cabeza y tocado, que forman un cilindro... El empleo de formas geométricas daba un carácter intelectual a la obra y permitía que fuera asimilada en términos de volúmenes simples.También ha variado el realismo materialista de los primeros encargos burgueses en pro de una mayor sofisticación aristocrática de la figura. La horizontalidad del fondo compensa con gran armonía la silueta vertical, un juego que podemos apreciar en otras obras como el retrato de orante de Hans Memling, algo posterior a este otro.
SAN ELIGIO.- Tal y como veíamos en el San José de Robert Campin, bajo la efigie de los santos más comunes de los Países Bajos se hallan retratados diversos oficios. Petrus Christus titula esta obra San Eligio, aunque podría tratarse de una escena profana en la tienda de un orfebre. Esta identidad del mundo de los santos con la actividad cotidiana de los profesionales de los Países Bajos se debe sobre todo al carácter del mercado del arte en estos años. Tras varios siglos de monopolio de la Iglesia en la producción del arte, el florecimiento económico de las provincias del norte y de Italia favoreció la aparición de una clase alta, burguesa, dedicada al comercio y a las actividades manuales. Estos nuevos clientes, con mucho dinero, llenaron sus casas y sus capillas con objetos de arte para aumentar su prestigio y su poder social. De tal modo, los cuadros que representan a los patronos de los oficios, o a los propios clientes como asistentes a las escenas sagradas, proliferan y extienden el nuevo estilo realista que caracteriza a la pintura flamenca. En el caso de Petrus Christus, nos encontramos ante el supuesto discípulo de Jan van Eyck. Es ante todo, su heredero pictórico, el mejor continuador del realismo simbólico como podemos comprobar en esta escena. San Eligio era el patrón de los orfebres. De hecho, su rostro parece un retrato. El cuadro era un encargo del gremio de orfebrería de Brujas para su capilla particular. San Eligio está sentado en un mostrador que da a la calle, según la costumbre flamenca, y pesa unas piezas de oro. En primer plano gracias a la aparición del espejo cóncavo tan frecuente en Países Bajos (recordemos el Matrimonio Arnolfini o la Dama en el Baño), vemos una calle de la propia ciudad de Brujas, con dos paseantes que se acercan a la tienda. Tras el santo, dos nobles personajes ricamente vestidos, parecen querer comprar algo. En los estantes vemos la mercancía: muestrarios de anillos y sortijas, ramas de coral rojo, colgantes, cuentas de materiales diversos... Una imagen, en fin, más próxima al documento de las costumbres que a la obra religiosa.
DONANTE.- El donante que Petrus Christus retrató en esta tabla era el cliente de un tríptico, del que la tabla central se ha perdido. El retrato del caballero era el ala derecha del tríptico, y la izquierda nos muestra a su esposa, conservándose las dos en el mismo museo. El modo de representar a ambos es muy similar. El donante arrodillado está en la intimidad de sus habitaciones privadas, en un reclinatorio pintado que debía de ser muy similar al reclinatorio real del cliente, donde colocaría el tríptico para realizar sus oraciones cotidianas. El caballero se ha descalzado de sus zuecos, dejándolos abandonados sobre el suelo, lo que indica el recogimiento y la privacidad de este momento.

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